Nos queda ser recuerdo.
Quedan sólo las huellas, después de un fabuloso viaje. Los
paisajes serán distintos ahora que, tras las últimas tardes de aquel verano, se
habrán vestido de marrón y rojos las hojas de los árboles que ya no ves, que no son ya lo
que tú viste, que son recuerdo. Seguro que a estas alturas del invierno ni
quedan hojas.
Pero nos queda ser recuerdo.
Voy a echar de menos la ciudad habrán dicho muchos, vencidos por una nostalgia prematura. Ese incómodo sentimiento que a veces llega
antes de marcharte. No lo pongo en duda, no voy a apropiarme únicamente yo de esa
frase. Sé que la habrán dicho muchos. Permítanme, sin embargo, que les diga que
es muy mía, desde el egoísmo más displicente, es sólo mía en mi recuerdo. Es
tan mía que resulta pesado y deprimente de decir. ¿Dije ciudad?
Nos queda ese recuerdo.
Cuando todo ha terminado, pero no ahora, no inmediatamente, hace ya tiempo.
Cuando todo terminó y ya no tiene ni sentido recordarlo, cuando los perdones pendones no valen, cuando a un tarde lo precede un demasiado. Entonces nos adueñamos
de la memoria que no es ni la nuestra, de las palabras que describieron una
acción pasada que habíamos olvidado, de los relatos que borramos de nuestro
registro.
Entonces nos queda ser recuerdo. El de alguien, porque
nosotros lo hemos perdido.
Pero no me quito de
la cabeza esa imagen, un recuerdo visto desde fuera, ese que no era mío, pero
en el que yo estaba. Apoyada en el alfeizar de una ventana muy particular,
rodeada de nubes de tabaco, con un cortante frío rompiéndome las lágrimas. O
así lo describió él, pero en ese recuerdo yo no soy, porque no me pertenece. Lloraba quizá por cualquier cosa, porque soy muy llorona si no me miran o puede que llorará con antelación a otra cosa, a algo que ni había empezado o de la nostalgia de una ciudad de la que ni siquiera me había ido. ¿Dije ciudad?
Nos queda ser recuerdo, porque ya no somos nada más. Me
queda ser tu recuerdo, porque ya se me ha olvidado todo.
Y esto es jodidamente egoísta.
Pido perdón, pero quizás ustedes también deberían.
Todos queremos ser recuerdo y olvidarnos de todo lo demás.
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