domingo, 23 de octubre de 2011

Lee Miller: Más que una cara bonita



Lee Miller, retraro de Man Ray
Cruzar sin mirar es una de esas lecciones de infancia que a muchos hoy día nos sigue costando trabajo recordar. Nos lanzamos a la barbarie del tráfico como quien se adentra en un tranquilo pasaje. Será, porque estamos demasiado absortos en nuestro alrededor, en cómo corre aquella niña calle abajo, como se filtran los rayos del sol que bailan con las hojas de los árboles, las miles de personas que cruzan su mirada con la tuya, la prisa que llevan tus zapatos, el cielo azul, la forma de las nubes, la música en tus oídos… Y sin darte cuenta, alguien te salva de ser atropellada. Quizás eso pensaba Lee Miller una mañana de 1925 cuando de pronto, un elegante ciudadano la empujó en mitad de la calzada para evitar su atropello.

En cierta manera, puedo y debo sentirme identificada, pero yo no voy a espera que mi salvador sea el mismísimo editor de la revista Vogue, ni que, fijándose en mi belleza abrumadora, no dude ni un instante en contratarme como modelo. Sin embargo, eso fue exactamente lo que le ocurrió a Lee Miller.
Así entró a formar parte de la prestigiosa revista, pero al contrario de lo que hubiese pensado, lo hizo al otro lado de la cámara, como modelo, aunque no tardarían mucho en cambiar las cosas. Ella era conocida por su carácter perseverante, y amante como era de la fotografía terminó colándose poco a poco entre flases y objetivos, comenzando otra etapa como fotógrafa de colecciones de moda.

Retrato de Miller por Man Ray
Pronto empezó a verse su talento en la fotografía. Unido eso a su belleza inconfundible, se acabaría acercando al que durante mucho tiempo fue considerado su amante, el fotógrafo Man Ray. Pasó a convertirse en el Mentor de Miller y le acerco a artistas de la época como Duchamp, Picasso, Magritte, Cocteau  y al que terminaría siendo su futuro marido, Roland Penrose. Gracias a ellos desarrolló un estilo surrealista muy marcado. Comienzan así las tres etapas de la fotografía de Miller:



París: La técnica de la solarización
Técnica de Solarización
La floreciente artista, se convirtió en la modelo favorita de Man Ray, uno de los mejores fotógrafos surrealistas. Fue un enlace fructífero para ambos, juntos descubrieron la famosa técnica de solarización, que Miller provocó por accidente trabajando en el laboratorio que compartían.

Su trabajo en esta época es de un surrealismo puro. Generalmente, era un movimiento en la fotografía caracterizado por técnicas como el collage o el fotomontaje, pero Miller utilizaba técnicas diversas, como la de la solarización, jugando con los ángulos, el encuadre y dándole un tono de humor muy característico a sus obras. De esta época destacan retratos a Picasso así como la de numerosas modelos.
El final de esta etapa también coincide el fin de su relación con Man Ray. Se decía que sus caracteres chocaban y el machismo del amante acabo por destrozar la relación, sin embargo para Miller él siempre supondría una gran influencia en su obra.
Egipto: Del surrealismo al fotoperiodismo.

Cansada quizás del mundo de la moda, Miller viaja a Egipto para comenzar una nueva etapa en su fotografía. Pasa del surrealismo puro, las modas y retratos, a un creativo documentalismo. Su intención inicial era captar la realidad entonces poco conocida, de muchos de los pueblos que visitó, pero durante su estancia en Egipto, su entonces marido, el millonario Aziz Eloui Bey  ejercía sobre ella una gran protección que minó su trabajo en cierto modo. De esta época se aprecia sobre todo una fotografía, a mi parecer, mucho más simbólica, dada las pocas posibilidades de acceder a zonas de conflicto.
Lee Miller

Europa: Reportera de guerra
Cuando la II Guerra Mundial comenzó a sacudir los cimientos de la sociedad Europea, Miller encuentra en este suceso su vía de escapatoria y no duda en regresar a Europa para intentar ser corresponsal de guerra. Aunque persuadida de los peligros, lejos de querer huir de la contienda, comienza su etapa más espectacular. A ella pertenecen una serie de fotografías cargadas de simbolismo, crítica y melancolía. Acompañada por diversos organismos de la ONU, se adentra en el corazón de la batalla.

Sus retratos de mujeres en la guerra nos desvelan heroicos personajes femeninos, mujeres fuertes, la mayoría trabajadoras y activistas. Sus retratos de hombres  por el contrario, tratan de mostrar un halo dulce, armonioso, que tan poco acostumbra a retratar la guerra. De alguna manera, a través de estas imágenes, personaliza el conflicto en sus protagonistas, ya que las fotos apenas tienen contexto, convirtiéndose las personas en los grandes protagonistas de la guerra.
Lee Miller pudo con la magia de su alma de fotógrafa darle luz al cruel momento que narra la historia en los tomos de enormes enciclopedias. Pero el compromiso, valentía e integridad de Lee Miller también le permitió realizar retratos sarcásticos e irónicos de la guerra con tintes surrealistas. Como la célebre foto que Lee Miller le pidió a su compañero David Scherman (de la revista Live) que le tomara en lo que había sido la residencia de Adolf Hittler. En la foto, se la ve a Lee desnuda en la bañadera de Hittler con la foto del Führer de fondo.
 
Es esta foto parte de la colección de otras tantas que la artista recoge cuando el fin de la guerra ha sido declarado. En ella se ve la otra cara de la guerra, en el que el bando nazi ha sucumbido y muchos de los principales dirigente alemanes han decidido suicidarse. Como esta otra fotografía que corresponde al suicidio del alcalde de Leipzig y su familia una vez perdida la guerra, con cianuro de potasio. 

Lee Miller se reveló como una reportera temeraria, algo que le llevó a conseguir algunas imágenes únicas. El trabajo de Miller, unido al de la también estadounidense Margaret Burke-White, ayudó a definir lo que hoy conocemos como fotoperiodismo.

Niños pidiendo una ración de chocolate

"No me gusta fotografiar horrores", escribió Miller. "Pero no creo que haya ciudad o área que no estén repletas de ellos."

En los años 50, la intrépida fotógrafa dejó de fotografiar y prohibió toda exposición de sus obras, probablemente uno de los motivos por los que el trabajo más serio de Miller no es lo suficientemente conocido y valorado.


 No sería hasta poco después de su muerte en 1977, cuando su hijo, Antony Penrose, descubriese en su antiguo apartamento una caja con más de 500 positivos y otros 40.000 negativos, junto a cartas y manuscritos.

"Fue un tesoro extraordinario. Me di cuenta entonces que no sabía nada de la vida de mi madre y que no me reconocía en sus memorias. Fue como recordar a alguien que conociste vagamente y descubrir que tuvo una extraordinaria vida", explicaba Penrose.

Así es como se dio paso a la primera exposición de la obra de Lee Miller en el museo británico Victoria and Albert. Después de ella, vinieron muchas más, pasaron años y años, viajo por cientos de ciudades diferentes y al final termino en una ciudad norteña llamada A Coruña. Y es ahí, dónde me lleve la gratísima sorpresa de descubrir a esta increíble fotógrafa.  Sin duda, otra de las maravillas que viví en Galicia.

Lee Miller no sólo fue la mujer del frivolismo de la moda, la amante del amor libre, el modelo privilegiado del surrealismo. Lee no se detuvo en ello. Con su mirada intensa y audaz vulneró el tiempo en que todo se destruía.

3 comentarios:

  1. Cadáveres apilados porque la vida, en muchos sitios, no vale nada.

    Y nosotros aquí, escribiendo blogs y viendo películas.

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  2. Nos queda el simple intento de que no caigan el olvido.

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  3. Pues sí. Nos queda eso.

    Un beso.

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