miércoles, 12 de febrero de 2014

Nobody understands sex


“Women often think that sex and love are the same thing” 

Virginia Johnson



 ¿Existe un juego más peligroso que el de separar sexo y amor? Visto a ojos de la ciencia, superar ese reto es fácil. Basta con examinarlo todo detrás del frío cristal de la sala de observaciones. Pulcramente vestidos con batas blancas e impávidas miradas de neutralidad. Quietos, muy quietos, casi rígidos y sin respiración.

Para la ciencia no hay dificultad alguna en ofrecer amablemente datos, estadísticas y muestreos de cosas sobre las que nosotros, muchas veces, no podemos ni articular palabra. Unas veces, porque los propios conceptos (locus coeruleus, noradrenalina, los bacilariófitos... por citar algunos) nos son más que incomprensibles, a menudo impronunciables. Pero en otras ocasiones, esto ocurre sencillamente porque definir con palabras cosas como un instinto, una emoción o un deseo es imposible. Y es entonces cuando les cedemos el turno a los expertos.

¿Pero qué pasa si los doctores tampoco son capaces de establecer límites?¿A caso no son ellos humanos? Algo parecido trata de contarnos la nueva serie de Showtime, "Master of Sex", (estrenada el pasado Octubre) que avanza funámbula entre los límites de la razón y el instinto, entre lo más carnal y el sentimiento. Porque juntar sexo y amor es tan peligroso como creerte que puedes separarlos.

Para empezar, la cosa os cautivará si sois devotos de la amadísima “Mad Med”. Contiene también ese aura elegante de finales de los 60 y, aunque carece de un Don Draper, los personajes son elocuentes y extremadamente atractivos. Sin daros cuenta, caeréis rendidos a sus pies, sobre todo a los de la señorita  Lizzy Caplan, que se mete bajo la piel de Virginia Johnson. La temática es instintivamente básica; sexo, sexo elegante, normalizado, racionalizado, e incluso en ocasiones, experimentado por sus personajes. Junto a Virginia el carismático doctor William Masters (Michael Sheen), con quien dirige un estudio, poco ortodoxo para la época, que se centra en la observación y el análisis de las relaciones sexuales entre parejas.

Planteado así, la cosa seduce. Especialmente porque nos presenta el llamativo juego de la lucha que la razón mantiene con lo puramente carnal y con las emociones que inevitablemente acaban surgiendo. Si además, todo ello, se adereza con ciertas dosis de realismo histórico, interesantes datos científicos y psicología, la trama parece maneténerse en pie. 

Sin embargo, no negaré que a mitad de la temporada, la orgía de sensaciones comienza a viciarse. Entonces te entran las dudas de si aquello acabará en culebrón hospitalario, pero creo que es demasiado arriesgado atreverse a decir algo parecido, aún cuando todos sabemos que las batas blancas en televisión acaban perdiéndose muy fácilmente entre las sábanas de sus protagonistas. 

Tampoco esperen encontrarse con una serie novedosa en lo técnico. No lo es ni para plantearnos las escenas, ni para ambientar la historia. Su gran potencial reside en el argumento, en aquello que nos quiere mostrar, y demostrar, con sus experimentos, aunque opte por hacerlo desde una mirada clásica. 

"Master of sex" nos invita a observar tras el cristal, a convertirnos en los cómodos voyeuristas de nuestro salón. Aunque reconozco que mirar tras un vidrio ciertas escenas, aumenta mucho la tensión. Al fin y al cabo, puestos a contener la respiración, mejor que sea de placer al otro lado de la línea.



* Por cierto, y que no se me olvide. Ha de decirse, que nuevamente, realidad y ficción se han mantenido un poco lejos en todo esto. Os presento a los verdaderos Masters y Johnson:

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