“Women often think that sex and love are the same thing”
Virginia Johnson
¿Existe un juego más peligroso que el de separar sexo y amor? Visto a ojos de la ciencia, superar ese reto es fácil. Basta con examinarlo todo detrás del frío cristal de la sala de observaciones. Pulcramente vestidos con batas blancas e impávidas miradas de neutralidad. Quietos, muy quietos, casi rígidos y sin respiración.
Para la ciencia no hay dificultad alguna en ofrecer amablemente datos, estadísticas
y muestreos de cosas sobre las que nosotros, muchas veces, no podemos ni
articular palabra. Unas veces, porque los propios conceptos (locus coeruleus,
noradrenalina, los bacilariófitos... por citar algunos) nos son más que
incomprensibles, a menudo impronunciables. Pero en otras ocasiones, esto ocurre
sencillamente porque definir con palabras cosas como un instinto, una emoción o
un deseo es imposible. Y es entonces cuando les cedemos el turno a los
expertos.
¿Pero qué pasa si los doctores tampoco son capaces de establecer límites?¿A
caso no son ellos humanos? Algo parecido trata de contarnos la nueva serie de
Showtime, "Master of Sex", (estrenada el pasado Octubre) que avanza
funámbula entre los límites de la razón y el instinto, entre lo más carnal y el
sentimiento. Porque juntar sexo y amor es tan peligroso como creerte que puedes
separarlos.
Para empezar, la cosa os cautivará si sois devotos de la amadísima “Mad
Med”. Contiene también ese aura elegante de finales de los 60 y, aunque carece
de un Don Draper, los personajes son elocuentes y extremadamente
atractivos. Sin daros cuenta, caeréis rendidos a sus pies, sobre todo a los de
la señorita Lizzy Caplan, que se mete bajo la piel
de Virginia Johnson. La temática es instintivamente básica; sexo,
sexo elegante, normalizado, racionalizado, e incluso en ocasiones, experimentado
por sus personajes. Junto a Virginia el carismático doctor William
Masters (Michael Sheen), con quien dirige un estudio, poco ortodoxo para la
época, que se centra en la observación y el análisis de las relaciones sexuales
entre parejas.
Planteado así, la cosa seduce. Especialmente porque nos presenta el
llamativo juego de la lucha que la razón mantiene con lo puramente carnal y con
las emociones que inevitablemente acaban surgiendo. Si además, todo ello, se adereza con ciertas dosis de realismo histórico, interesantes
datos científicos y psicología, la trama parece maneténerse en pie.
Sin embargo, no negaré que a mitad de la temporada, la orgía de
sensaciones comienza a viciarse. Entonces te entran las dudas de si aquello
acabará en culebrón hospitalario, pero creo que es demasiado arriesgado
atreverse a decir algo parecido, aún cuando todos sabemos que las batas blancas
en televisión acaban perdiéndose muy fácilmente entre las
sábanas de sus protagonistas.
Tampoco esperen encontrarse con una serie novedosa en lo técnico. No lo es
ni para plantearnos las escenas, ni para ambientar la historia. Su gran
potencial reside en el argumento, en aquello que nos quiere mostrar, y
demostrar, con sus experimentos, aunque opte por hacerlo desde una mirada
clásica.
"Master of sex" nos invita a observar tras el cristal, a
convertirnos en los cómodos voyeuristas de nuestro salón. Aunque
reconozco que mirar tras un vidrio ciertas escenas, aumenta mucho la tensión.
Al fin y al cabo, puestos a contener la respiración, mejor que sea de placer al
otro lado de la línea.
* Por cierto, y que no
se me olvide. Ha de decirse, que nuevamente, realidad y ficción se han
mantenido un poco lejos en todo esto. Os presento a los verdaderos Masters y
Johnson:


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