jueves, 13 de diciembre de 2012

Becquelar




He recurrido a muchos poetas,
muchas otras tantas veces, 
para decir aquello que siento y no digo,
porque ni sé, 
ni quiero ser yo quién se adueñe del sentimiento.

He tomado prestadas muchas palabras,
poseídas hasta el desadueño.
Las he dejado rotas, descompuestas
y ya nunca más han sido mías.

Ni mías ya, ni tuyas,
sólo del viento, 
aquel que decía aquello de:

Asomaba a sus ojos una lágrima,
y a mi labio una frase de perdón;

Así, de esa manera;
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.

Pero adolecen ciegos los finales,
siempre más que el iniciar,
así continua lapidario y mudo
el cierre casi tuyo y casi mío:

Yo voy por un camino, ella por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: ¿por qué callé aquel día?
Y ella dirá: ¿por qué no lloré yo?



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