Con veinte años, junto a Julio Medem, Iciar Bollaín ya estaba preparada para escribir guiones como este, que ocho años más tarde se ve materializado en su primer largometraje. De él obtiene el premio a la mejor ópera prima en la Seminci de Valladolid, donde es estrenado en 1995.
Mataharis fue la primera película que vi de la joven directora madrileña. Destaco de ella su impecable narración, y ese delicado sentimiento con el que trata a sus protagonistas (siempre mujeres), sin embargo el final me decepcionó. Aún con guiones que manejan un alto nivel interpretativo, su final deja con un mal sabor de boca, un cierre para un guión de alguna forma bastante ¿plano? Aún no sabría definirlo, sin embargo me sorprende que la directora de esta película tropezase con Mataharis. Historias como la de Nuria González me sigue pareciendo de alguna manera desaprovechada en esa película. Pero como una aprende rápido que las primeras impresiones nunca son buenas, entre otras cosas, decidí darle una oportunidad.
Con “Te doy mis ojos” básicamente no pude más que cambiar radicalmente mi visión y después de un tiempo decidí buscar su obra debut. Para mi sorpresa me encontré que su primer largometraje, “Hola, estás sola?”, era una de esas películas que tienes apuntada en alguna parte de tu desajustado primer cajón del escritorio, en un papel medio sucio, medio doblado, en la lista de películas que ver antes de morir.
La cosa queda clara, después de ver esta película, no me lo pienso dos veces, me marcho con la Trini al fin del mundo. Candela Peña, desde mi punto de vista, interpreta uno de los papeles más sinceros y ajustados en los que la he visto actuar. Es una historia delicada y sencilla sobre la amistad por encima de los problemas que nos va planteando la vida, cuando el futuro está tan abierto como tú quieras. Sin búsqueda del lucimiento, mucho más dado su poco presupuesto, ni ostentación, pero cargado con un humor inteligente y sutil. Nos narra, bajo las claves precisas de grandes interpretaciones, cuyo protagonismo se impregna en el de dos mujeres luchadoras, un viaje físico que sirve como modelo del viaje interior que Niña y Trini realizan por los caminos del espíritu, aprendiendo a superar carencias del pasado, despachando ilusiones vanas y enamorándose de la libertad, la vida, la alegría de vivir, la grandeza de la amistad y el valor inmenso de los sentimientos sinceros, desinteresados y auténticos.
Quizás haya excedido mi crítica, influenciada por el sentimiento compartido de haber querido yo también huir de una de las ciudades más grises y sin vida en la que jamás haya estado.
Quizás haya excedido mi crítica, influenciada por el sentimiento compartido de haber querido yo también huir de una de las ciudades más grises y sin vida en la que jamás haya estado.
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