viernes, 5 de mayo de 2017

Chimeneas (de cuando era invierno)


Aquí sólo huele a chimeneas ardiendo. La luz debe estar en otra parte, detrás de esa niebla espesa que lo cubre todo. De vez en cuando, tímido y asustadizo, el sol saluda un poco parco. No vamos a engañarnos, hace frío. El frío normal que la piel necesita, según las estimaciones de mi recuerdo infantil. Al menos, aquí las cosas son más certeras. En Palencia siempre hace como tiene que hacer en un mes de diciembre.

Esas son las cosas que me tranquilizan, las que mantienen el orden. Las cosas son exactamente como se espera que sean. No cambian, no hay sorpresas. Puede no gustarte esa exactitud, pero eso es precisamente lo que busca la gente que se queda o los que venimos, intermitentes, al amparo de lo predecible, en busca de la calma chicha.

El cuerpo me pide que me abstenga.
Y callo.

Aquí sólo vale la pena decir las cosas una vez, el tiempo va despacio y es muy difícil tener segundas oportunidades.

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