Hay ciudades que emanan historias en cada cruce de esquina, esa que doblas con cierta esperanza de lo inesperado, ciudades que rezuman vida incluso en el vapor de sus alcantarillados las noches de invierno, con solo poner los pies en la calle, en tan solo unos segundos, todas ellas te han envuelto. Quizá Palencia compone una suma de esas otras que a simple vista carece de vida, aún estoy por descubrirlo, porque lo que sí es cierto es que a falta de historias rezumantes siempre queda la imaginación de las personas. Será pues, por esa falta de historias que cuándo vuelvo a Palencia siembre he redoblado mis esfuerzos para tender un puente sobre la distancia de lo anodino de los días y mi supervivencia, mí huida de la locura.
Busco historias, es por eso, las busco en las palabras que escriben otros, en tardes delante a un café, conversaciones sobre el pasado y el presente casi imaginario, pero sobre todo en las historias grabadas en celuloide. Quizá porque lejos de las palabras, parecen más verdaderas, están más cerca, muy probablemente no, en realidad la lectura la haces tú y eso te pertenece más, pero supongo que aún no me he posicionado al respecto, como en tantas otras cosas. Lo que sí es cierto es que a veces una película puede acercarte también más al papel escrito. Esta es una de ellas, y no porque sea talmente detestable que intentes equilibrarlo con una buena lectura, sino porque te invita desde los primeros minutos a reflexionar sobre una famosísima novela, Rayuela. Dos historias por el precio de una.
Basado a su vez en El Renacimiento de Lorenzo F. Aristaráin, “Lugares Comunes” expresa que el exilio no es la posición desgarrada entre dos espacios geográficos y culturales, sino la conciencia artística de un desdoblamiento y de un enajenamiento, quizás por la lucidez misma. Un espacio doble de dos vidas, padre e hijo, como los personajes, como las opciones.
Sé que la volveré a ver de nuevo, sé que me volveré a emocionar con cada palabra, con el dulce acento argentino de Federico Luppi y con una de las mejores conversaciones de seducción que vi en mucho tiempo en una biblioteca cualquiera de Argentina. Dicen que los argentinos hablan mucho, que casi hablan por hablar, si cierto es que se habla mucho en esta película, lo cierto es que nada sobra. Si queda algo más que decir, la película es del mismo director que Martin H.
De regalo una de las perlitas de la película:
“La lucidez es un don y es un castigo. Está todo en la palabra, lúcido viene de Lucifer, el arcángel rebelde, el demonio. Pero también se llama lucifer al lucero del alba, la primera estrella, la más brillante, la última en apagarse. Lúcido viene de lucifer, y lucifer viene de LUX y de FERGUS, que quiere decir el que tiene luz, el que genera luz, el que trae la luz que permite la visión interior, el bien y el mal, todo junto, el placer y el dolor. La lucidez es dolor y el único placer que uno puede conocer, lo único que se parecerá remotamente a la alegría será el placer de ser consciente de la propia lucidez. El silencio de la comprensión, el silencio del mero estar. En esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal”
Gracias a grandes recomendaciones delante de un café, detrás de grandes historias.
Me la apunto :)
ResponderEliminarDelante de un café, y no más...
ResponderEliminarEste anónimo es un bobo... jajaja
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