Ojála aprendiesemos a ver los instantes, a tocarlos, a sentir los silenciosos segundos que inundan los momentos, casi imperceptibles a nuestros ojos, como esos momento de máxima intimidad, como este. Quizás de esa forma ya nunca más existiese la nostalgia agria de lo que vivimos sin darnos cuenta.
Magistral foto de Annie Leibovitz y portada de los Rollign Stone el 9 de diciembre de 1980.

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