Despedida,
no sé si
tuya o mia,
ceniza,
en mis ojos,
mi cara,
mi vida.
Viento, en
la roca, en el tronco
te
he sentido.
Tú,
impregnando mi herida,
hendida en
tu recuerdo,
aquella
rosa.
La rosa,
Rosa,
tú custodias
la memoria,
sin nacer en
Eleuter,
cerca o
lejos,
aunque tus
pétalos hayan caído.
ahora eres
la hija de un Nogal.
Tu viento,
viento gris,
brizna de un
antes que no es ya,
que sólo
fue,
que ya no
está.
Tú entre mis
manos,
a distancia
de caricia.
Tú,
recuerdo.
Bravo.
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