Sobre las doce de la mañana, práctica de producción y realización de Radio. Medio despierta, medio dormida, a tono con el ambiente general de clase. Nada más llegar nos dan un texto, que apenas tenemos tiempo de leer, nos mandan a la sala de locuciones y comienza la acción...
"Tras los visillos él la divisaba cada mañana al otro lado de la calle. Todos los días a las nueve, cuando él se levantaba y se sentaba en su mesa de trabajo observa la ventana abierta de par en par. El aire fresco de la mañana se introducia a traves de ella para ventilar las sabanas, aún calientes, de su vecina.
Al principio no repasó en ella, pero poco a poco ella fue llamando su atención. La vecina se asomaba a la ventana y sacudía enérgicamente la alfombra a fin de eliminar el polvo.
Como si de llamadas de "tam-tam" se tratase, los golpes de la alfombra contra la pared hacían volver la vista hacía la fachada de enfrente. Allí aparecía su maciza vecina zarandeando sus alfombras con un entusiasmo desmedido, lo cual empezó a provocar en Tomás una especie de atracción algo extraña, diriase voluptuosa, hacia ella.
Un día mientras Tomás, madrugador, se aplicaba en su trabajo oyó de nuevo el reclamo de su vecina. Al tiempo que la observaba, comenzó a sentir como su miembro se erguía bajo el pantalón. La escudriño parapetado tras las cortinas y deseó poder tocar y acariciar sus pechos, los cuales se meneaban frenéticamente al compás del ritmo infringido por el vaivén de la alformbra. Eran unos pechos grandes y turgentes que, de vez en cuando, paraban a descansar sobre el alfeizar de la ventana. En el desarrollo de la escena la mano de Tomás se había deslizado hasta su bragueta y habia liberado el enhiestp pene de su opresor, a la vez que comenzaba a frotarlo arriba y abajo, siguiendo el ritmo marcado por los briosos pechos de la vecina.
Su imaginación voló hasta el dormitorio de enfrente y se situó tras ella; Tomás se acercó, sigiloso y en un abrir y cerrar de ojos remangó su falda buscando el sexo y la penetró de espaldas, sin que ella pudiera hacer otra cosa que senguir manteniendo la alfombra que pendía en el vacío cogida de sus manos.
Tomás jugaba mientras, con sus manos, estrujando los carnosos pechos, al tiempo que ella empujaba su trasero en busca de toda la longitud del miembro; así, acoplados, siguieron durante varios minutos hasta que él explotó, eyaculando en el interior del cavernoso sexo se du compañera. Al terminar, ella espetó: "¡Por fin!, ya era hora de que alguien llenara de polvo mi alfombra".
Cuando Tomás volvió en sí, se encontró empapado del semen derramado. "¡Uf!-exclamo-"ha sido una paja esplendorosa". Acto seguido, buscó a su vecina con la mirada, pero ya no estaba; en su lugar una alfombra colgaba del alfeizar de la ventana."No te preocupes querida"-pensó-"mañana volveré y recargaré de polvo tu alfombra".
(Profesoras que dicen no mirar lo que eligen... :D )
Alfeizar? Desde cuando se dice alfeizar? Poyata de toda la vida... que además pega más con el texto... muy íntimo y... ¿desgarrador?
ResponderEliminarPD.: Te quiere tu shoshito reluciente :)
Mader...!
ResponderEliminarCarmen